La gravedad está de nuestra parte

LA GRAVEDAD ESTÁ DE NUESTRA PARTE[1]

ROMERIA HELICOPTERO 1

 

Poniéndonos en situación:

El 1 de diciembre del 2005 cayó en la plaza de toros de Móstoles el helicóptero de la BESCAM con Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre y Esteban Parro (alcalde de Móstoles) dentro. Más allá de la facilona alegría izquierdista ese día supuso para casi toda la población joven de Móstoles una alegría súbita y violenta a causa, entre otras cosas, de:

  1.  Las insoportables molestias que el helicóptero de la BESCAM provocaba en la vida cotidiana  de la gente -ruido, ruido, ruido-.
  2. Las insoportables molestias que la propia implantación experimental de la BESCAM en Móstoles provocaba en las costumbres ilegales de su alegre juventud.
  3. El odio colectivo de la muchachada mostoleña hacia Esteban Parro por: solarizar 30 parques para hacer parkings, ordenar la destrucción del casco viejo incluyendo el centro social okupado La Casika en el futuro plan urbanístico y borrar todos los bonitos graffitis de la ciudad (odio que ha hecho que Esteban Parro sea el único alcalde  de fuera del País Vasco con escolta: “Parro te vamos a talar”).
  4. La sensación de orgullo local al sentir que por primera vez en un sitio  tan aburrido como Móstoles ocurría algo memorable.

Todo esto apuntaba a la existencia en Móstoles (en torno al accidente del helicóptero) de un potente yacimiento de poesía y diversión subversiva. Aprovechando el primer  aniversario (1-12-2006), Huérfanos Salvajes intentó organizar su detonación.

Los preliminares siempre son placenteros:

Se expandió el rumor por toda la ciudad  de que algo maravilloso iba a suceder en un punto de Móstoles en la fecha del aniversario (sin concretar nada). Se habló (con carteles, emails y palabras) de un “deslizamiento espaciotemporal colectivo” y una “erupción de lo imprevisible”.

Se promovió una convocatoria, mucho más concreta y con un alcance más íntimo, para una romería hacia la plaza de toros en las más dulce de las ilegalidades como inauguración de un mito-peregrinaje anual en celebración del acontecimiento. En dicha convocatoria se animó al juego poético en todas sus formas, desde un potlach-competición de disfraces sorpresa sobre el asunto hasta el empleo de pegatinas o pintadas.

Fueron convocadas para la misma hora y en el mismo sitio mediante anuncios verosímiles un  conjunto de convocatorias falsas de los más diversos pelajes: macrobotellón, concentración de afectados por el sorteo de pisos oficiales, vegetarianos y gente de la liberación animal, un casting  de una productora, un burlesco intercambio de obras de “jóvenes artistas” y una concentración-marcha de las señoras que andan con chándal. Este fue el factor con el que se procuró el descontrol  para evitar caer en la miseria del pasacalle.

La romería se echó a andar impulsada por una extraña fe: 

Carteles, pancartas, globos con mensajes para ir soltando por la ciudad, caretas divertidas (Rajoy, Aguirre, Parro, el logo de Antena 3) que evitaran  identificaciones, un ataúd en miniatura para el helicóptero con el epitafio “la única ley en vigencia será la gravedad”, una especie de belén bastante grande con juguetes y plastelina que representaba el accidente del helicóptero con la idea de depositarlo como ofrenda a los pies de la plaza de toros y 15 personas. En los primeros tramos hubo varios amagos de unión de grupos de gente desconocida que se vieron seducidos por lo que pasaba pero terminaron vencidos por la inercia. El desarrollo posterior de la romería  fue un constante estreno: se estaba ahí  sin ningún plan pero con un punto de focalización y armados con un montón de cosas poco habituales. La situación comenzó a ser un laboratorio móvil donde floreció espontáneamente una microfísica de la subjetividad maravillosa. Desde fuera  podía verse a ratos como una manifestación de extravagantes a ratos como una especie de horda temprana de borrachos, pero dentro se estaba cociendo un buen asunto. El grito estrella de la marcha, improvisado en el momento, fue: Jun de la Cierva era de la ETA. En las inmediaciones de la plaza de toros un par de gitanos, tras explicarles un poco de que iba al asunto, llamaron enseguida a sus amigos o primos y multiplicaron por dos la presencia cuantitativa de la romería en un eufórico fin de fiesta (la llegada a la plaza de toros con casi una hora de retraso respecto a lo convocado impidió el encuentro con las convocatorias falsas en el caso de que estas hubieran tenido éxito). A los pies de la plaza se depositó el ataúd en miniatura y otras cosas (el belén finalmente se regaló) junto a una caja donde se animaba  a una colecta para sufragar un nuevo helicóptero (127 millones de euros en 15 años era el coste del programa) parodiando la neurosis moderna de la seguridad ciudadana.

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Añadiendo alguna palabreja más:

Siendo uno de los  valores de este tipo de juegos problematizar la vida al ralenti en la que estamos inmersos pudo haberse echado más leña al fuego. Hubo, en general, bastante respeto a la ley dentro de la ilegalidad de lo que podría interpretarse si se quería buscar las cosquillas (y sabemos que se quiere) como una manifestación o concentración ilegal. Apenas se molestó al tráfico y no hubo ataques a la propiedad significativos. Sin embargo a nivel pasional interno (que es otro de los valores de este tipo de juegos) la experiencia supuso un auténtico sabotaje al continuum tedio urbano en el que sobrevivimos.

Sin caer en ningún tipo de triunfalismo, un día distinto, una travesura humilde y un roce fugaz tanto de la poesía por otros medios como de la posibilidad de autoformulación de una mitología comunitaria calibrada según nuestras auténticas subjetividades. Apenas una ráfaga imprevista, como aquellas ráfagas de viento que pueden derribar helicópteros de policía con alcaldes odiosos y cúpulas políticas en su interior.

Huérfanos Salvajes

[1] -Publicado originalmente en El Rapto #1 (2007).

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