Madrid

El humanismo de la mercancía explicado para niños

Alzada en medio de la desolación, una isla cárcel de 16 plantas realoja a los últimos descendientes de la Atlántida obrera. La palabra cárcel no es una licencia poética, sino una descripción literal. La fachada norte del edificio, la que concentra las terrazas, se encuentra absolutamente enrejada. Para que los periquitos proletarios no se escapen por una de las pocas rendijas que les deja abierta la lógica de los días modernos: el suicidio.

(más…)

Anuncios

El valle de los Reyes

Como los cuerpos de los antiguos faraones, los edificios de las viejas fábricas son vaciados de todos sus órganos y  embalsamados, esta vez con cemento y no con natrón,  en un minucioso ritual con la esperanza de otra vida, más allá de las fuentes del Nilo y de la fase depresiva del ciclo económico. Pero como este es el último ciclo económico, serán los nigromantes de las hordas y los saqueadores de tumbas, y  no los dioses del mercado, los que insuflen una nueva vida a estos cadáveres de ballena.

Fotografía 7

Las ruinas de la Atlántida obrera

Si el territorio que se extiende al sureste de la estación de Atocha es sentido como una boca de mar, que se abre en abanico a medida que avanzan las vías de tren, sepultadas bajo sus aguas podemos encontrar las ruinas sumergidas de una Atlántida obrera: la “bolsa de deterioro urbano” (según el ayuntamiento de Madrid) que se extiende alrededor de la calle Méndez Álvaro y otras aledañas en su vertiente norte (Leganés, Alamedilla, Alberche, Alpedrete).

(más…)

Una corazonada de mar

100_0570

“No hay ciudad sin mar, pues aun en las del interior no deja éste de estar presente en ciertas ubicaciones donde la sensación de contigüidad con el fin del mundo nos hace presentir el influjo del mar” Eduardo Abadía Sicilia

Mucho antes de esta cita, lo supe al principio de la adolescencia: el mar, en Madrid, se siente cerca de Atocha, donde el cielo desemboca por fin en el horizonte, y parece que, logrando salvar algunos obstáculos, pronto aparecerá el puerto.

(más…)

Una azotea bajo la manga

Imagen

Testimonios de lujosa pobreza: chica, no tengo dinero, pero tengo una azotea secreta escondida bajo la manga,  a la que podemos acceder gratis y sin permiso, saltándonos el toque de queda de la mercancía. Para lanzar aullidos al sol. Para celebrar la muerte de Dios y jugar al borde del desliz, del cuerpo, del instante, en lo más alto de estos días, que caerán pronto por la curva declinante de nuestras materias primas esquilmadas. Estos días en los que llegamos a ser tan felices a pesar de todo y que tanto echaremos de menos pero hoy solo suceden, como las formas caprichosas que adoptan los remolinos de un río.

(más…)