Huérfanos Salvajes (archivo)

Los amigos de Huérfanos Salvajes se denominan a sí mismos “antiorganización eroticofestiva de gamberrismo ilustrado y descolonización de la vida cotidiana”. También se definen como “prositus provincianos un poco tontos sin nada mejor que hacer”. Recopilamos aquí algunos materiales que han compartido con nosotros en los últimos años, y que son relativamente difíciles de encontrar, pues entre los muchos vicios de este extravagante colectivo no se encuentra ni la visibilidad ni el marketing.

Creemos que  sus heterodoxas  y divertidas acciones, además de un sentido liberador para aquellos que han tenido la suerte de haberlas vivido (sentido que ellos defienden como suficiente en sí mismo, sin necesidad de ninguna justificación ideológica ni palabrería añadida), pueden cumplir un papel de estímulo sugerente para el movimiento anticapitalista. Traicionando un poco el espíritu intuitivo y vivencial de su propuesta,  explicamos la paradoja de como algo que se pretende irrebajable a cualquier noción de instrumentalidad (también la revolucionaria) puede cumplir un papel en la lucha de clases. Al fin y al cabo, con todas sus limitaciones y con todas las contradicciones a las que nadie es inmune, es posible pensar la actividad de Huérfanos Salvajes como una práctica experimental en hechos concretos, relativamente consciente y con recursos comunes al alcance de cualquiera de una  cotidianidad desalienada y desmercantilizada, en la que la comunidad del juego, la instigación de lo maravilloso y el hacer poético (entendido en su más amplio sentido, como lo entiende el surrealismo) sustituyenal consumo mercantil con  su progresiva y avasalladora colonización (de nuestros imaginarios, de nuestros deseos, de nuestros sueños y placeres).

Un aliciente añadido es que este colectivo difuso tiene una composición sociológica relativamente distinta a la que nos tienen acostumbrados los grupos análogos: chavales de barrio obrero que si conocen algo de la I.S o del surrealismo es, como ellos mismos afirman, por haber oído campanas aquí o allá.

Puesto que el cambio cultural poscapitalista, esto es, la posibilidad de tejer una red de significados y sentidos de vida radicalmente opuestos a la hoy que se deriva del dominio del fetichismo de la mercancía, es el nudo gordiano de la encrucijada política en la que se debatirá el siglo XXI, hacemos accesible este archivo permanente, que se irá actualizando en la medida en que ellos nos consientan desvelar sus travesuras y sus pasatiempos. Y lo hacemos con la ilusa esperanza de que este archivo  pueda servir de foco de inoculación de lo que ellos llaman una “pandemia de alegría incendiaria”, que no sería otra cosa que la poesía por otros medios convertida en práctica de masas.  Sólo respaldada por una actividad de millones la poesía tal y como los surrealistas la entendemos (apuesta de intensificación de la vida cotidiana y núcleo ético de un proyecto político poscapitalista) puede escapar al gueto de los grupúsculos iniciáticos en que hoy está confinada y tener una incidencia objetiva en el cambio estructural del modelo de civilización.

Emilio Santiago Muiño

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