El mundo no comenzó en 1789

Una de las consecuencias más nefastas de la mitología progresista que todavía domina abrumadoramente las estructuras ideológicas de nuestras sociedades es el corte radical  entre el mundo contemporáneo (y por tanto pos-revoluciones burguesas) y el pasado, dicotomía que además tiene una indudable interpretación moral: la modernidad como progresismo frente a las tinieblas, el oscurantismo y la deshumanización de épocas más antiguas.

Pero el mundo no comenzó en 1789. Y aunque cualquier documento de cultura puede y deber ser analizado como un documento de barbarie  como nos proponía Benjamin, no es menos cierto que no podemos minusvalorar despectivamente y con soberbia, como si estuviéramos de vuelta, instituciones, modos de hacer sociedad y estructuras mentales que han funcionado durante miles de años. Y esto aunque muchas nos parezcan repulsivas, porque incluso estas tienen una lógica interna que justifica su existencia y que es preciso comprender. (más…)

Importante carta de amigos anarquistas cubanos

Mis amigos y amigas anarquistas cubanos del Taller Libertario Alfredo López, perteneciente a la Red Protagónica Observatorio Crítico,  han pedido solidaridad internacional para difundir un importante comunicado, que reproduzco a continuación y enlazo más abajo.

Aprovecho para incidir en algo que no se puede obviar, por mucho que las izquierdas mitómanas de este país participen de una lógica amigo-enemigo carlschmittiana burda y simplista: los enemigos del espíritu que inspiró la Revolución Cubana, que tantas simpatías despertó y con razón en la izquierda mundial, no se encuentran sólo en el imperialismo norteamericano. Los enemigos del espíritu original que impulsó la Revolución se encuentran en el proceso interno de esclerosis, burocratización y autoritarismo que la Revolución lleva padeciendo demasiado tiempo, hecho que ha sido reconocido abiertamente por la propia dirigencia histórica, y por el que a estas alturas nadie debería rasgarse las vestiduras. Por supuesto las presiones externas han empujado a este autoritarismo, ayudando a conformarlo, pero nos engañaríamos a nosotros mismos si no reconociéramos también que muchos de los resultados más sombríos del proceso cubano estaban latentes en ciertas apuestas políticas y organizativas iniciales.

Escudarse en una defensa acrítica del régimen cubano es malograr, en un fetiche estúpido y en un error político (desde una perspectiva anticapitalista), el importante legado de la Cuba revolucionaria para la historia de la emancipación humana, que es rico no sólo por sus logros sino también por sus fallos. Cuba nos enseña a los revolucionarios del siglo XXI, al mismo tiempo, como hay que hacer y como no hay que hacer las cosas.

Y digo error político anticapitalista porque,  conociendo mínimamente la realidad de la isla, apuesto que las pocas cosas que pueden evitar que el socialismo en Cuba tome una deriva que ya hemos visto  en casos como Vietnam o China,  es precisamente gracias a que la actividad autónoma y autoorganizada de anticapitalistas y libertarios cubanos como la gente del taller libertario Alfredo López se expanda con fuerza y reactive las cenizas de un incendio asfixiado bajo el peso del estatismo.

Desde la distancia sólo puede mandar ánimo y un fuerte abrazo a mis amigos y amigas anarquistas y anticapitalistas cubanos, reconociendo lo fundamental de su labor y  admirándome por lo honesto y lo difícil de su empeño, pues como es fácil imaginar no debe ser sencillo mantener un camino socialista propio bajo la presión de los USAID por un lado y la seguridad del Estado cubano por otro, en una encrucijada donde los enemigos se multiplican y los aliados se reducen por culpa, entre otros factores, de una opinión pública internacional secuestrada en imágenes ideológicas anquilosadas.

A continuación el documento.

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Testimonios de un mundo al revés

Ayer escuché a mi primo Duarte, que lleva casi dos años de esfuerzo intentando poner en pie un proyecto agroecológico y anticapitalista en el entorno rural de Ferrol, una reflexión lúcida, cargada de verdad y drama y al mismo tiempo tan ilustrativa de eso que los situacionistas llamaban la inversión del mundo. Se preguntaba  más o menos esto: “¿Por qué yo, que no trabajo mi huerta con químicos, tengo que demostrarlo, estar metido en un montón de trámites burocráticos y pagar por ello al Estado y alguien que usa químicos, que está haciendo daño tanto al ecosistema como a la gente, no lo tiene que hacer? ¿Pero esto qué es?  ¿El mundo patas arriba?”

Qué definición más exacta de lo que es el capitalismo: el mundo patas arriba, el mundo al revés, dado la vuelta en un ejercicio demencial que busca exprimir beneficio de cualquier cosa.

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¿Cuál puede ser el aporte del movimiento libertario a una transición post-capitalista?

El movimiento libertario, que hace unos años alguien que no recuerdo denominó con sana y humorística autocrítica  “el meneillo libertario”, ya no posee el vigor orgánico que tuvo históricamente en la década de los treinta. Y aunque sería erróneo y disparatado mencionarlo en mayúsculas, como se hacía en aquellos años dorados cuando existía una base organizativa coordinada, el movimiento libertario sigue teniendo, incluso en sus formas orgánicas, una presencia que no es testimonial (aunque no todas las organizaciones se reconozcan unas a otras sin fricciones). Más importante todavía que las organizaciones, el movimiento sigue vivo sobre todo en un especie de mitología, un espíritu ideológico difuso y una cultura política que empapa muchos movimientos sociales, influyendo en sus métodos (asamblea, autogestión, acción directa) y creando híbridos curiosos, como sucedió con el 15M. Creo que no patiné demasiado cuando unos amigos anarquistas cubanos me preguntaron por el 15M yo, intentando explicar alguna de las corrientes predominantes de su naturaleza tan diversa y frondosa, hablé de socialdemócratas libertarios (socialdemócratas en sus fines, libertarios en sus medios).

Pues bien, ¿qué tiene que decir el movimiento libertario, tanto el organizado como el difuso, ante muchos de los retos políticos y sociales del presente? Por ejemplo, ¿cuál debe ser su papel en la defensa de servicios públicos fundamentales para las clases trabajadoras y populares, pero cuya gestión y diseño no dejan de formar parte de los tentáculos del Leviatán estatal? ¿Qué   posición tomar ante las reivindicaciones nacionalistas (y estatalistas) en auge entre pueblos de la periferia del Estado español? ¿Y con respecto a la canalización creciente de muchas energías contestarías hacia formas de participación política institucional? Y de modo mucho más general, ¿cuál puede ser el aporte específicamente libertario a un proceso de transición social post-capitalista en el aquí y el ahora, transición que para poder llegar a cuajar en sus desarrollos iniciales seguramente deba parecerse más a un proceso de ruptura con el neoliberalismo que a un ataque directo a los fundamentos de la sociedad capitalista? Me centraré en esta última pregunta, pero la respuesta podría servir para cualquiera de las otras, porque se trata de un problema transversal.

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Sobre el manifiesto Última Llamada (un punto y seguido personal).

El pasado 7 de Julio, hace casi una semana, fue dado a conocer públicamente un manifiesto titulado Última Llamada, que quería dar una señal de alarma sobe la ausencia, en los debates de conformación de una alternativa social en este país, de lo que a juicio del grupo de científicos y activistas que lo hemos promovido es la cuestión fundamental de nuestro tiempo: el choque de la civilización industrial capitalista con los límites biofísicos del planeta.

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En defensa de la Casika

Hoy 8 de Julio de 2014 comienza el juicio contra el CSOA La Casika, Móstoles, uno de los espacios más importantes de la lucha anticapitalista en Madrid durante casi las últimas dos décadas.  Se reproduce a continuación el comunicado hecho público por el Instituto de Transición  en apoyo a este centro social hermano, con el que nos unen tantos lazos políticos y vitales.

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Desde el Instituto de Transición Rompe el Círculo, y ante la amenaza de desalojo del Centro Social Okupado La Casika, manifestamos:

La Casika es uno de los pocos espacios que realmente forman parte del  patrimonio común del pueblo mostoleño y de un modo especial: gracias a La Casika la gente de Móstoles nos hemos vuelto pueblo. Y porque somos ya un pueblo en gestación  vamos a defender nuestra casa, la casa de todas y de todos, de la codicia raposa de los caciques y el rencor ideológico de los políticos.

La Casika ha jugado un papel histórico fundamental en el rearme de un movimiento popular anticapitalista en la zona sur y por extensión en todo Madrid. Como espacio, siempre ha estado abierta a gente de sensibilidades muy diversas, y su labor  ha sido fundamental en la resistencia contra la represión. La Casika también ha funcionado como una matriz para lo mejor de la cultura popular en la periferia de Madrid durante la última década y media (Festikmaf, Corto y Cambio…). La Casika es además un ejemplo de autogestión, un modelo de simbiosis entre colectivos revolucionarios y una escuela de esperanza.  En La Casika miles de personas condenadas a sufrir el capitalismo como un drama personal nos hemos encontrado y hemos aprendido la única fórmula que a los de abajo nos hace protagonistas de nuestra propia vida: luchar junt@s.

Por otra parte, La Casika es un espacio que ha calado  en la biografía de miles de mostelañas y mostoleños. Las vidas de muchas y de muchos no serían las mismas sin La Casika y las posibilidades que generosamente ha ofrecido. El compromiso de la gente con La Casika no es sólo político, es emocional y por tanto vital.

Desde Rompe el Círculo y el Instituto de Transición, estaremos siempre agradecidos a La Casika porque sencillamente no existiríamos sin su apoyo ni su solidaridad, que nos han prestado innumerables veces.  Sabemos que nuestro caso es general. Nada de lo mejor que puede dar Móstoles de sí, nada de lo que todavía anima a vivir en un lugar como este,  podría ser posible sin La Casika. Y como queremos que este pueblo dé todavía mucho más de sí, necesitamos que La Casika, con su alegría rebelde, continúe abierta  y que estos 16 años sólo sean los primeros de los muchos que quedan por venir.

 Si la transición a un mundo sin capitalismo es cada vez más el horizonte al que muchas y muchos nos encaminamos, en La Casika esta transición  ha empezado ya hace 16 años. Ahora toca defender este espacio pionero, que es  el mundo que construiremos mañana. Si nos quitan La Casika nos quitan un trozo del futuro, y si nos quitan un trozo del futuro nos quitan el aire.  Por todo ello, La Casika no se toca.

Instituto de Transición Rompe el Círculo

ÚLTIMA LLAMADA -MANIFIESTO-

Un grupo de científicos y activistas (ecologistas, decrecentistas, divulgadores del pico del petróleo…), gravemente preocupados por el hecho de que las cuestiones ecológico-sociales (y en especial el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta) están ausentes de la mayor parte de los debates en la reconfiguración actual de las diversas familias de la izquierda, y ausentes de las preocupaciones generales de una sociedad cada vez más entrampada en la crisis económica, el desempleo y los recortes sociales, lanzamos un grito de alerta en forma de manifiesto.

El manifiesto Última llamada se da a conocer el 7 de julio de 2014 por medio de algunos medios de comunicación e Internet, contando con el respaldo de más de 240 firmas el día de su publicación. Confiamos que este primer paso, sin duda minúsculo, sirva no solo para abrir sino también para consolidar uno de los debates públicos más urgentes que tenemos pendientes como sociedad. A la vez, y a título personal, espero sin demasiada ilusión (pues cualquiera que sepa como funciona la creación de opinión pública en el capitalismo espectacular no puede sino ser muy precavido con este tipo de movimientos) que la  adhesión al manifiesto de personalidades de cierto peso político y mediático en el ámbito de las izquierdas se traduzca realmente en un abordaje serio y sistemático de la cuestión socio-ecológica, y del colapso en marcha, como el tema central de nuestro tiempo y la prioridad de la reflexión anticapitalista. Y que  así las distintas familias de las izquierdas logren ir más allá de los habituales brindis al sol de la sostenibilidad a los que han sido tan asiduos aquellos y aquellas que persisten, por desgracia, en la ceguera de categorizar la quiebra socio-ecológica como un problema entre otros muchos.

Emilio Santiago Muiño, 7 de Julio 2014.

ÚLTIMA LLAMADA

Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización

Manifiesto

Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada –o hacer demasiado poco– nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

En diversos lugares de la Península Ibérica, Baleares y Canarias, y en el verano de 2014

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Web de difusión del manifiesto: http://www.ultimallamada.org/?lang=es

Firmantes iniciales: (más…)

Anarquía en acción -reseña-

Dentro de las izquierdas resulta común reprochar a los anarquistas su utopismo y su falta de sentido práctico. Aferrados a la Idea, como se decía en el siglo XIX, y sus difíciles condiciones de aplicación (abolición del Estado y rechazo de cualquier colaboración con sus instituciones, descentralización local y negación de la representación política, replanteamiento radical de todas las relaciones de poder), pareciera que los libertarios están condenados a la eterna frustración. (más…)

La calle Paseo de Arroyomolinos, Móstoles.

La Calle Paseo de Arroyomolinos, en Móstoles, que en principio puede parecer una de las vías menos atractivas de la ciudad, no carece sin embargo de cierto encanto. Este encanto se lo da una sucesión inexplicable de comercios cuyos nombres desafían el sentido común. (más…)